la ecología de lo sencillo

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con angustia se vive y muchos hace rato hablan de la no vivencia, de la sobrevivencia.

con urgencias desayunamos, nos despiertan aquellos aparetejos que nos conectan a lo instantáneo y de un golpeteo sonoro nos inyectan la primera dosis de desazón en el alma.

este breve escrito no pretende suscribir plañideros discursos ni inútiles desasosiegos, sólo pretende compilar, reunir, amarrar algunas ideas que solas llegan a herir (como lo hacen los radicales libres) allá adentro del humano cuerpo.

actúa sobre la cotidianidad que somos una alarmante desmotivación producto de los incesantes agites urbanos y lo fraseo pues ya esto comienza a agredir las firmes convicciones sobre lo necesario de las coherentes acciones, lo vital de la defensa ecológica, lo necesario del diálogo de saberes, la pluralidad hecha futuro.

hay un quiebre, una desconexión que nos separa más de lo poco sacro que en el nosotros habita.

la ciudad punza y crea callejuelas de incertidumbres, intoxicaciones ideológicas, trancones de palabra y huelgas de esperanza.

si somos más que andamiaje de tendones y calcárea osamenta, si somos más que una idea, más que una fulgurante llama.

si somos bípeda maravilla, materia consciente, ánima sensible, no debiera ser tan difícil la tarea de avanzar por entre días y noches con nuestra historia a cuestas, con nuestros desafíos más sublimes.

se hace dura la articulación de las epifanías, lejanos los diálogos, y todo muta en una carrera hacia una meta risible, estrecha y untada de farsalias.

sólo unos pocos atisban la dolencia colectiva pero huyen de la labor analgésica por no querer embadurnarse de la artesanal misión.

se entendió todo y no se transformó nada.

se enunció todo.

se hizo taxonomía de los imposibles y se adjudicaron credenciales al mejor postor.

la ciudad que nos habita en los latidos, así existamos en medio de la selva virgen, duele por sus esquirlas y sus miradas agrestes de ascensor, por la flacidez de su espíritu y por su desgastado racimo de encandiladas historias.

habitar una posible ciudad que desde adentro nos inspire, nos adivine, nos seduzca es el reto máximo de estos días en los que crecer es una obligación y sentir debidamente, una conducta reprochable.

desde esta aglomeración de voluntades, de átomos abrazados para vencer el miedo, probar a construir un ventanal que conjure lágrimas óptimas, limpiezas de mirada que reinauguren la voluntad de ser para tejer lo que vendrá.

así, de a poco, repensar la lucha contra tanto armatoste hecho ser, hecho idea, hecho plan que amenaza aún la fronda, la cuenca acuática y la respiración que somos.

redefinir con silente luz, con una enérgica voluntad la posibilidad de ser como lo deseamos, sabiendo entender tanta amenaza agazapada y tangible ahora, y en eso que mentan futuro.

lo demás será alimentar con nuevos verbos la esofágica existencia, deletrear historias jamás contadas y así ir creciendo en sanidad, en voluptuoso posible mundo.

a mi me aburre la reiteración de los dolores, me hace temblar de horror la sequía manifiesta en tanta amistad que ya no es, por eso creo que para salvar este emblemático planeta de tanta mala praxis corporativa, belicosa y neoliberal, es menester juntar a los aliados, a los hermosamente desquiciados para hacer la ecología de lo sencillo, y hacerle espacio… para que vuele!!!

Fuente: http://clorofilazul.blogspot.com/2008/02/la-ecologa-de-lo-sencillo.html

~ por etnoecomerida en febrero 29, 2008.

Una respuesta to “la ecología de lo sencillo”

  1. Debo a continuación copiar parte del texto que tienen ustedes en su pagina para referirme a algo que contempla la Homonatropía como lo es “romper las berreras que nos mantienen atados en una estructura social con una carga psiquíca capaz de matarnos y se le llama, supuestamente, los espacios donde el desarrollo se pone en evidencia,(en la ciudad), producto del la evolución del ser humano, para mi parecer, estamos lejos de habitar “una posible ciudad que desde adentro nos inspire, nos adivine, nos seduzca es el reto máximo de estos días” debido a la separación con nuestro medio ambiente, con nuestra naturaleza “la ciudad que nos habita en los latidos, así existamos en medio de la selva virgen, duele por sus esquirlas y sus miradas agrestes de ascensor, por la flacidez de su espíritu y por su desgastado racimo de encandiladas historias.
    habitar una posible ciudad que desde adentro nos inspire, nos adivine, nos seduzca es el reto máximo de estos días en los que crecer es una obligación y sentir debidamente, una conducta reprochable” dentro del contexto de la Homonatropía la ciudad, en si misma, es reprochable hasta tanto no nos encadenemos a eso que llamamos medio ambiente o naturaleza; éste regreso no amerita volver a la época de las cavernas ni nada que se le parezca, es utilizar los avances de la ciencia y la tecnología para devolverle a esa esencia llamada naturaleza parte de lo que nos ha aportado y nos aportará si no la destruimos a través de la extracción y explotación de sus bienes

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