Indígenas wayuú llegan a Chiapas denunciando el proyecto gubernamental

El carbón de la discordia

Rafael Uzcátegui

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2007, comienzos del mes de julio. 2300 almas peregrinas de cinco continentes confluían, nuevamente, en la Selva Lacandona. En esta oportunidad, el segundo Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo. Como se acostumbra, una larga ceremonia pasea frente al micrófono a las diferentes delegaciones. Jorge y Diego, dos voceros de una latinoamericana, leen un escueto comunicado sobre tarima en el que realizan críticas a su gobierno por “continuar las políticas neoliberales”, en tierras indígenas, mediante un “doble discurso, que en el fondo es una falta de respeto a las comunidades, una manipulación y, a fin de cuentas, un genocidio”. Un europeo, recién llegado a la jungla chiapaneca, sigue el discurso preguntando el país de origen de la delegación. “¿Son de Colombia, del fascista Uribe?, ¿Chilenos gobernados por Bachelet y el continuismo Pinochetista?”. “No –responde un ciudadano vasco enfundado en una ikurriña- son venezolanos y están hablando del gobierno de Chávez”. Las palabras de la delegación zuliana, caen como una bomba en el evento y son recogidas por el corresponsal de La Jornada, Hermann Bellinghausen. Tras más de una década de silencio, “La Sexta Campaña” inició para los miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) una seguidilla de comentarios favorables sobre el proceso político vivido por los venezolanos. Los vínculos construidos entre el EZLN y organizaciones simpatizantes del gobierno bolivariano amenazan con debilitarse bajo el discurso de los wayuú: “son los representantes del Estado-gobierno los que han pactado con trasnacionales imperialistas la entrega de territorios indígenas en todo el país para la explotación de recursos mineros, carboníferos, gasíferos y petroleros, en contra de la voluntad y decisión de las comunidades indígenas de Venezuela”. Jorge Montiel y Diego Fuenmayor pasan a ser una de los duetos más entrevistados en el encuentro.

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De Lagunillas a La Orchila

 

A un costado del terminal de Maracaibo pasan los autobuses que realizan el recorrido entre los diferentes poblados desperdigados en las faldas de la Sierra del Perijá. Tras varias horas de un sinuoso trayecto, uno de las últimas paradas es La Orchila. La comunidad la integran algunas casas, pequeños comercios y la alcabala regentada por el Ejército venezolano. En una de sus esquinas, sobre la polvareda hirviente se toma el jeep hacia las diferentes fincas ganaderas, y de la última, caminando unas 6 horas, se llega a casa de Angela González, indígena wayuu cuya vivienda se encuentra dentro de los territorios asignados para la inminente explotación del carbón. “Las consecuencias –afirma- serán que nos vamos a morir de hambre. ¿A dónde vamos a ir? Si este pedacito de tierra que tenemos aquí, que Dios lo puso para nosotros, es lo único que tenemos ¿vamos a ir adonde, a la ciudad? Eso es lo que pasó con los Yukpa que andan pidiendo y son despreciados. Nosotros somos wayuu y somos muy delicados por esa parte”. El 13 de noviembre del 2004 el primer mandatario realizaba un evento en Lagunillas, estado Zulia, para anunciar la triplicación de la explotación carbonífera en la región: de 8 a 36 millones de toneladas métricas anuales. Las primeras concesiones del mineral datan de 1973, siendo administradas por Carbones del Zulia S.A. (Carbozulia), la cual era a su vez, una filial del Ministerio de Energía y Minas. Ese 13, el presidente Chávez anuncia su transferencia a la Corporación de Desarrollo de la Región Zuliana (Corpozulia), con lo cual las ganancias, pasando por menos manos, serían reinvertido directamente en el estado. “Estamos dando Carbozulia al Zulia, ahora recuperada, con una proyección fenomenal. Se ha firmado un contrato para explotar unas minas de carbón que estaba frenado desde 1983; se han superado las trabas que había y en el primer trimestre del año 2004 unas empresas extranjeras van a comenzar, generando trabajo por supuesto”. El anuncio ocasiona que 14 organizaciones ambientalistas le remitieran una carta al General Carlos Martínez Mendoza, director de Corpozulia, donde manifiestan sus preocupaciones. Carlos Portillo, biólogo de la Universidad del Zulia (LUZ), resume el impacto al medioambiente de la extracción: “La deforestación de cientos de miles de hectáreas de bosque tropical, contaminación de aguas dulces y reservas pesqueras, extinción de especies que mantienen el funcionamiento de los bosques, desaparición paulatina de las poblaciones indígenas y la disminución de la capacidad de desarrollo agropecuario y pesquero”. En la comunicación, los ecologistas son enfáticos señalando que los intereses económicos del Estado venezolano y de las multinacionales del carbón “la causa por la cual no prospera en la Comisión del Zulia la demarcación de las tierras de los indígenas”. Detrás de la casa de Angela González, en La Orchila, navega brioso el rio Maché. A menos de un par de kilómetros, una cascada refresca a los activistas que cumplen con una de las paradas obligatorias para conocer el sentimiento wayuu acerca de la exportación del carbón. Sobre las piedras se observan marcas que indican el destino de una futura carga de dinamita. “Yo leo en la Constitución –declara Angela- el artículo 119 de nuestro derecho como pobladores indígenas. ¿Por qué se viola nuestro derecho?, ¿Dónde están los derechos de nuestra soberanía de los que habla tanto el presidente?”.

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Una emoción que nubla la mente

En una situación desconocida en el resto del país, Maracaibo ha sido el epicentro de un movimiento que ha unido, no sin momentos de fricción, a partidarios y detractores del presidente Chávez. El rechazo a la explotación del carbón y la defensa de los derechos indígenas, del medioambiente y de los reservorios de agua han sido las causas comunes por las que han marchado, codo a codo, ecologistas, estudiantes universitarios y activistas de un amplio espectro político regional. Si la suma de todos es una red, su centro de gravedad es la organización ambientalista Homoetnatura, dirigida por Lusbi Portillo, profesor de LUZ, quien con mano de seda articula el conjunto. “Nosotros no somos chavistas ni antichavistas: somos luchadores sociales”, afirma. El profesor explica que tras décadas de investigación y lucha tienen una agenda clara y definida, en la cual se incorpora quien esté de acuerdo. “Nos movemos con gente que son afectas, con gente del mismo gobierno, pero también hacemos trabajo con otros sectores. Aquí se trata de un discurso de verdad verdad: territorios para los indígenas”. Portillo se ha ganado respeto a base de constancia, pero sorteando la campaña de criminalización iniciada desde Corpozulia. Las críticas menos virulentas reprochan lo que consideran su estrechez de miras. “No somos un grupo nacional, ni tampoco un grupo político. Nos encargamos de un objetivo muy claro: la Sierra de Perijá, que tiene unos límites claros. Alguien nos puede decir que vemos el mundo del trabajo desde nuestra parcelita: pues sí”. Esta fidelidad a su propia agenda ha convertido, en los últimos años, al movimiento anticarbón en uno de los pocos movimientos sociales de base con autonomía de organización y acción, realizando incluso manifestaciones en Caracas en varias oportunidades. En la capital, sus pares de apoyo no viven el clima de convivencia presente más allá del puente. En la marcha realizada sobre el tema durante el VI Foro Social Mundial, las diferencias entre chavistas radicales y revolucionarios antiautoritarios estuvieron a punto de finalizar prematuramente el recorrido.

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Resistencia y retaliación

A pesar de pertenecer a Hometnatura, Jorge Montiel y Diego decidieron fundar la organización indígena Maikiralasa’lii (Organización que no se vende) para aglutinar a las comunidades wayuu en resistencia contra el plan carbonero. Bajo esta figura viajaron al encuentro zapatista, para explicar su situación y hacer lo que ellos llaman “una aclaratoria”. “Hablamos mucho de nuestra lucha –nos dice Montiel-, que es muy similar a la de los zapatistas: tierra, agua, biodiversidad. Cuando explicamos todo lo relacionado con la lucha, los zapatistas dijeron: “son la primera organización indígena venezolana que llega y que no se pone una franela y una gorra roja. Hemos conocido muchas organizaciones de Venezuela que hablan otras cosas y no explican bien la realidad”. Nosotros explicamos, sin intención de atacar al gobierno del presidente Chávez, nuestra propia verdad, pues tenemos una verdad por delante y tenemos que decirla”. Los 23 días del periplo fueron ricos en encuentros con diversas organizaciones, ruedas de prensa y entrevistas a periodistas. No pudieron hablar personalmente con el ícono altermundializador, el Subcomandante Marcos, al cual le remitieron una carpeta con información. Pero sí saben que el líder zapatista estaba al tanto de su visita. “En uno de sus discursos –nos relata Jorge con una sonriza que le cruza el rostro-Marcos tomó una frase que dijimos en la tarima, diciendo que era de los indígenas de Venezuela que luchan: “Aquí estamos, aquí somos, aquí seguimos y aquí resistimos”. Para los wayuú la resistencia es un camino largo. A su vuelta, debían participar en un seminario radiofónico dictado por Radio Nacional de Venezuela. Telefónicamente, le comunican a Montiel que había sido excluido por haber firmado la carta entregada al EZLN. “En México lo dijimos: puede ser que desde ahora hay una persecución policial contra nosotros, nuestros compañeros ecologistas. Tememos eso, pues así actúan los que están encompinchados con los carboneros y las trasnacionales”.

~ por etnoecomerida en octubre 3, 2007.

2 comentarios to “Indígenas wayuú llegan a Chiapas denunciando el proyecto gubernamental”

  1. violona los derechos de los yukpas ok la invercion corporativa pero ayer escuche una dama que es reportera de vive que los paro las fuerzas armadas bolivariana en varias alcabalas entonces quien entiende esto hija para usted la reportera tenga en cuenta que el señor desde lo alto oberva todo

  2. “El pueblo wayuu, al cual represento, ha aprendido mucho en la lucha por la defensa de nuestras tierras en los ríos Socuoy y Maché. Allí, tras más de 500 años de enfrentar a los conquistadores europeos resistimos hoy a trasnacionales carboneras que, apoyadas por el Estado venezolano, pretenden continuar la ruina de la sierra de Perijá, último espacio para nuestra existencia como pueblo indígena.

    En carne y sangre hemos aprendido lo dañino que puede ser eso que los alijunas llaman desarrollo o progreso. Hemos sido testigos de la destrucción de nuestra Madre Tierra en el río Guasare –Wassaale, en wayuunaiki: “El lugar donde bebemos”–, con las minas de carbón a cielo abierto. Por eso, sabemos que lo que los alijunas llaman desarrollo no es otra cosa que hambre, miseria y destrucción para los indígenas.

    De este modo, aprendimos a unirnos en nuestra comunidad para salvar nuestras últimas fuentes de agua, nuestra Madre Tierra, haciendo crecer formas de producción económica que nos fortalezcan como comunidad, que haga entender a los propios alijunas que la forma en que ellos buscan hacer crecer su economía no es más que “pan para hoy y hambre para mañana”, pues no puede haber desarrollo a costa de la Madre Tierra. Pero también hemos aprendido que algunos hermanos indígenas, convencidos de que para nuestra supervivencia debemos aceptar humillados las condiciones y formas de vida alijuna, terminan por olvidar las enseñanzas de sus antepasados y su propio origen, convirtiéndose en enemigos de su pueblo, de aquellos que, como nosotros, insistimos en continuar siendo wayuu, hijos de mma –la tierra– y de juya –la lluvia–, cultivadores de la yuca y el maíz, pastores de cabras y guerreros. Ahora, convertidos en funcionarios del Gobierno y del Estado, o empleados de las compañías, ayudan a destruir a su pueblo para su propio beneficio económico. La lucha nos ha enseñado a identificar a nuestros enemigos, a organizarnos para pelear, a hacernos fuertes y a hacer entender a todos nuestros hermanos, equivocados o no, la necesidad de unirnos para defender lo que somos, wayuu, y a dónde pertenecemos: a la Madre Tierra”.

    Dijo:DIEGO FUENMAYOR
    Representante del pueblo wayuu de Venezuela.
    en Noviembre 2008Edición impresa ::

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