La naturaleza vampírica del capitalismo

Joel Sangronis Padrón* / Soberania.org – 22/08/07


“Algo muerto puede ser arrastrado por la corriente,
pero sólo las cosas vivas van en contra de ésta…”


Chesterton

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El modelo civilizatorio capitalista posee, a decir del ecofilósofo español Joaquín Araújo, una naturaleza vampírica, es decir, sobrevive de chupar la vida (materias primas, trabajo, identidad, historia) del ser o los seres, poblaciones o países de los que se alimenta, convirtiendo a éstos a la vez en “no vivos”, en “muertos vivientes”.

El capitalismo, ha escrito a su vez Hakim Bey, “es un vampiro que chupa nuestra sangre, nuestra energía, nuestra historia, cultura y futuro”, que son además los que le dan vida, porque el capitalismo vive de la mercantilización de nuestra imaginación, de nuestros sueños, a los que convierte, a través de la manipulación, en mercancías, en espectáculo, y luego deja el cadáver convertido en un zombi, en algo que no está muerto pero que ya no puede vivir.

Párese usted en el medio de la noche frente a una montaña erosionada o frente a un antiguo bosque convertido hoy en un yermo, calcinado y estéril desierto, frente a las viscosas y putrefactas aguas de un río, lago o humedal contaminado, contemple a lo lejos el sombrío y desolador paisaje de Chernobyl y en el medio de la basura y los desechos, circundado por la muerte, podrá sentir, percibir que lo que está frente a usted, lo que le rodea, en lo que quizás también usted se está convirtiendo, es algo “no vivo”, un “muerto viviente”.

El capital, al igual que el vampiro, es un monstruo que ha desnaturalizado y degradado todos los órdenes y estructuras naturales existentes. Ambos entes comparten la condición de parásitos, de existir en función de succionar la vitalidad de otros seres.

Un ejemplo de lo anteriormente dicho es el caso de la destrucción de cientos de miles de hectáreas de selvas tropicales, rebosantes de diversidad, exuberantes en su vitalidad, para sembrar en su lugar cultivos transgénicos para producir etanol (maíz, soya, caña de azúcar); estos monocultivos geométricamente alineados como soldaditos son producidos artificialmente y no tienen posibilidad de transmitir la vida pues sus semillas son del tipo “terminator”, es decir, son estériles; para completar, estas fitoversiones del monstruo de Frankenstein sólo pueden crecer y dar sus vacíos frutos mediante la aplicación de fertilizantes y herbicidas de la compañía (vampiro) que las produjo y controla. Finalmente, su destino no es alimentar la vida, sino alimentar las artificiales necesidades de las máquinas de su amo ¿Puede alguien negar que estos cultivos creados en laboratorios, diseñados para no reproducirse jamás son “no vivos”, “muertos vivientes”?

El hambre y la sed del vampiro son eternas, jamás pueden ser saciadas; las leyes del capital indican que la necesidad de éste de reproducirse chupando el trabajo, las riquezas y el futuro de los pueblos tampoco puede detenerse, jamás puede ser cubierta a riesgo de desaparecer como sistema.

Vampiro Y capitalismo personifican a los demonios del mal, encarnan a los instintos más bajos y oscuros del ser humano: el egoísmo, la avaricia, el individualismo, la insensibilidad, la codicia.

Como bien lo señaló el viejo Marx (el Van Helsing del capitalismo) en El Capital, (capítulo 8 libro primero): “El capital tiene un único impulso vital, el de valorizarse, generar plusvalía, absorber con su parte constante, con los medios de producción, la masa más grande de plusvalor posible. El capital es trabajo muerto que resucita, como un vampiro, sólo chupando trabajo vivo, y tanto más vive cuanto más chupa”.

Según las antiguas leyendas, el poder del vampiro reside en la mezcla de fascinación y terror que sus víctimas sienten hacia el; para dominarlas, el vampiro aterroriza con su figura y su leyenda, y toma control de sus voluntades utilizando para ello sus poderes hipnóticos. El gran capital imperial globalizado utiliza estas mismas estrategias para dominar a sus víctimas; a través de su industria cultural (hollywood, cadenas televisivas, agencias informativas) nos repite hasta el infinito la leyenda de su superioridad (racial, tecnológica y cultural) y de la invencibilidad de su monstruoso aparato militar (leyenda desmentida en Vietnam, Cuba y ahora en Irak) como forma de intimidación y amedrentamiento. Como si fuera la otra pinza de una tenaza, la división publicitaria de esa misma industria cultural bombardea incesantemente la conciencia de los pueblos del mundo con imágenes y mensajes de la idílica y paradisíaca vida que el capitalismo ofrece, vida cuya expresión más acabada es el “american way of life”.

Esta ofensiva ideológica ha actuado como agente hipnótico, por lo que a la usanza de las añejas películas de Christopher Lee o Bela Lugosi, las víctimas (amplios sectores de la población mundial) permiten, casi con placer, en éxtasis, que les succionen sus elementos vitales (petróleo, agua dulce, materias primas, cultura, identidad) con la promesa de la vida eterna, de la juventud infinita, de la diversión absoluta.

Esta estrategia publicitaria y propagandística aplicada por décadas ha producido en los pueblos del mundo una esquizofrénica mezcla de temor y fascinación, de odio y atracción hacia el gran capital imperial y el modelo civilizatorio que este ofrece.

La tradición afirma que el vampiro muere si se expone a la luz del amanecer, (quizás de allí provenga el empeño del capitalismo mundial en oscurecer la luz del sol con los gases de efecto invernadero); pero a pesar de su poder y de la violencia que es capaz de ejercer, por todas partes hay inequívocas señales de que se acerca el alba: En Latinoamérica con sus movimientos políticos como las Revoluciones Cubana, Venezolana, Nicaragüense y Zapatista; en los pueblos andinos con los gobiernos progresistas de Evo y Correa. Con el Movimiento de Los Sin Tierras; con el despertar en todo el mundo de una nueva conciencia ecológica; con el movimiento contra la globalización, con la resistencia cultural del mundo islámico. Viene amaneciendo y se escuchan pasos que se acercan al ataúd del vampiro capitalista. Éste tiene buenos motivos para temer…


[*] Joel Sangronis Padrón / Ecologista y Profesor de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB) – Cabimas, Edo. Zulia / E-mail: Joelsanp02@yahoo.com

Fuente: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_3500.htm

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~ por etnoecomerida en agosto 26, 2007.

4 comentarios to “La naturaleza vampírica del capitalismo”

  1. el capitalismo es cruel y usurero

  2. Y yo pensando que me estoy volviendo loca porque cada día observo con estupor como los mismos que son vapuleados, tiranizados y vampirizados por el sistema montan en cólera si oyen alguna crítica contra sus opresores.
    Al menos con este artículo ya sé que hay más gente que lo ve tan claro como yo lo he visto siempre. Es un alivio.

  3. dios como quisiera ser indigena

  4. MOPIVE
    (MOVIMIENTO PLURIÉTNICO
    INTERCULTURAL DE VENEZUELA)

    UN MENSAJE PLURALISTA E INTERCULTURAL
    (INTRODUCCIÓN Y PROPUESTAS BÁSICAS)

    En Venezuela existe una diversidad de movimientos políticos y sociales para reflejar el pensamiento y el sentir de diferentes agrupaciones que actúan en el país, así como expresar los contenidos y propuestas para llevar adelante un profundo proceso transformador que Venezuela necesita y lo va viviendo día tras día. Nosotros somos parte de este proceso, pertenecemos como ciudadanos venezolanos a un amplio sector deseoso de participar protagónicamente, contribuyendo con ideas y hechos originales y propios a plasmar el futuro de la Nación. Somos un conglomerado profundamente crítico y autocrítico, porque de otra manera no es posible rectificar ni avanzar. En consecuencia, haremos oportunamente todos los señalamientos necesarios frente a ideas y hechos de carácter tanto general como puntual, siempre con el mayor respeto y con el mejor espíritu constructivo. Pero más que criticar o adversar la situación actual que vive el país, nos interesa introducir y fortalecer algunos elementos ya presentes en la Constitución Bolivariana del 99, pero que hasta ahora han sido prácticamente ignorados. Nos urge también hacer otras propuestas propias siguiendo los mismos lineamientos, siendo nuestro empeño el mejorar sin imponer.

    Venezuela es definitivamente un país multicultural, pluriétnico y plurilingüe, primero que nada por la importante presencia de los más de treinta y cinco pueblos indígenas originarios, repartidos en su mayoría en los estados Zulia, Apure, Amazonas, Bolívar, Anzoátegui, Monagas, Sucre y Delta Amacuro; pero en la actualidad hay numerosos indígenas en todo el país e incluso sus descendientes, quienes hasta ayer declaraban ser sólo campesinos o en todo caso mestizos criollos, vuelven a proclamar en distintos puntos de la República su indianidad originaria, con lo que van reclamando y recuperando su identidad ancestral. Sin quitarle méritos al Censo Indígena, nuestros propios cálculos arrojan por lo menos un millón (1.000.000) de habitantes venezolanos pertenecientes a uno de los pueblos indígenas que hacen vida en el país. Teniendo en cuenta la magnitud del etnogenocidio que comenzó con la Conquista y cuyos efectos desgraciadamente perduran hasta hoy, la resistencia indígena a dejarse aniquilar y a ser absorbidos por otras poblaciones es una hazaña histórica sin precedentes. Queremos enfatizar en forma muy especial que en la actualidad más de la mitad de los indígenas venezolanos habitan en forma permanente en algunas de las grandes o medianas urbes, diseminados o incluso formando barrios, y otros se encuentran en zonas rurales predominantemente no indígenas como resultado de un proceso migratorio a partir de sus comunidades o regiones de origen. Sin entrar ahora en análisis, esta situación de nuevo cuño reviste mucha importancia, sobre todo por el hecho de que las políticas públicas muy poco toman en cuenta a los indígenas que viven fuera de su territorio ancestral.

    Además de la presencia fundante de estos primeros pueblos que humanizaron el territorio de lo que hoy constituye la República Bolivariana de Venezuela, el país posee otras culturas distintivas. Están las propias de las comunidades afrodescendientes, cuyos ancestros fueron obligados a ingresar en América mediante el criminal comercio de la esclavitud, que constituye además uno de los peores holocaustos que conoce la historia; junto a la destrucción masiva de los pueblos indígenas de América y del Mundo. Del triple mestizaje de pueblos amerindios, europeos y africanos –según su orden aproximado de llegada– resultan las llamadas “culturas criollas”, que en nuestro país abarcan diversas regiones: los Andes, la Costa occidental, central y oriental, los Llanos occidentales y orientales, Guayana, cada una con sus formaciones socioculturales claramente distinguibles. En nuestras ciudades vienen desenvolviéndose las llamadas “culturas populares urbanas”, las cuales traen su origen en las zonas rurales circunvecinas e incluso más distantes, pero que posteriormente caen bajo la influencia de tendencias modernizantes y hasta globalizantes. De ningún modo estamos en contra de la transformación dinámica de las sociedades, pero sí sostenemos que esto no debe ocurrir a expensas de la pérdida de las raíces propias, el aniquilamiento de las manifestaciones y valores más originales, de toda nuestra continuidad histórica, de la sociodiversidad como tal para expresarnos en forma más lapidaria. Las contribuciones más recientes a nuestra conformación cultural como país provienen de la llegada de varias oleadas de inmigrantes de procedencia europea, asiática y, por supuesto, latinoamericana, principalmente del hermano país colombiano. La pertenencia y lealtad de estos nuevos habitantes y sus descendientes, frecuentemente mestizados con la previa población local, no admite dudas ni puede ser objeto de discusión; pero también es cierto que su participación en el escenario nacional es y será mucho más enriquecedora en la medida en que ellos conserven y desarrollen sus propias tradiciones, sigan manejando sus idiomas de origen y nos sirvan de fuerza vinculante a los países y sociedades de los cuales proceden y cuya experiencia trasladan a nuestro territorio en forma de una creciente diversidad intercultural. En otras palabras, MOPIVE se yergue contra cualquier tipo de chauvinismo y exclusión, rechaza obviamente la discriminación o las intentonas racistas al derecho o al revés, ya que el mundo de hoy necesita básicamente reforzar los vínculos de convivencia, tolerancia, solidaridad y fuentes múltiples de creación individual y colectiva. Nuestro diagnóstico sobre la pluralidad cultural del país se complica aun más cuando agregamos el obvio protagonismo, hasta hace poco exclusivo y excluyente, de la llamada “cultura académica” de base eminentemente occidental, todavía en su mayor parte apropiada por las élites del país, de filiación científico-tecnológica, intelectual, artística o simplemente institucional, incluyendo todo el aparataje político y gubernamental. Para resumir esta parte de nuestro Documento, recapitulamos que efectivamente y por fortuna existe una gran diversidad cultural en la Venezuela vista a través de su historia y en su contemporaneidad, pero al mismo tiempo es innegable e indestructible la presencia fundante y estructurante del mundo indígena desde el inicio hasta hoy en día, la cual no tan sólo mantiene plena vigencia sino que modifica en forma transversal y por vía intercultural todo el resto de los conglomerados aquí nombrados y de aparición posterior en el seno de nuestra realidad.

    Todas estas configuraciones socioculturales merecen y requieren nuestro mayor respeto y la promoción de sus valores y manifestaciones, pero Venezuela como país sigue teniendo una enorme deuda histórica muy especial con las comunidades y pueblos tanto indígenas como afrodescendientes, quienes nunca han sido resarcidos –ni siquiera se planteó tal posibilidad– por todos los actos etnogenocidas ocurridos desde la conquista hasta hoy y jamás han sido tomados en cuenta como verdaderos actores colectivos, poseedores de toda una gama de derechos y deberes, y protagonistas como nadie de nuestra especificidad como país y sociedad nacional. Por tanto, sin dejar de lado al conjunto del pueblo venezolano, varias de nuestras prioridades apuntan hacia el fortalecimiento de estos colectivos y la solidaridad hacia los planteamientos que ellos mismos vienen sosteniendo a raíz de la Constitución del 99 y aún antes de su existencia. Creemos que esta es la mejor manera de comenzar a implantar un Estado justo y equitativo, en vísperas de una transformación que nos beneficie a todos.

    El planteamiento de MOPIVE no se reduce, por supuesto, a un discurso sobre culturas, interculturalidad y hermandad entre los pueblos, aun cuando esto es sumamente innovador e importantísimo para nuestro país y el mundo. Pero aún nos falta entender –no estamos suficientemente acostumbrados todavía a este enfoque– que sin tomar en cuenta las identidades culturales y la importancia básica de la Madre Naturaleza hoy tan castigada, tampoco estaremos en capacidad de resolver los problemas económicos, los de carácter laboral, los de naturaleza educativa, las carencias en materia de salud que son tan graves para el país, la migración de nuestros pobladores rurales hacia los centros urbanos, la inefable inseguridad junto con la deficiente aplicación de los Derechos Humanos, la persistencia de la corrupción en casi todas sus manifestaciones. Bastante se ha logrado en estos últimos años –hay que reconocerlo sin mezquindades– especialmente en lo concerniente a la visibilización y reivindicaciones de los pueblos indígenas y de otros sectores pobres, oprimidos y excluidos; hay resultados a veces impresionantes en materia de educación y salud, así como experiencias novedosas en lo concerniente a la organización de las comunidades, al transporte público, y tantos renglones difíciles de sistematizar. Pero aún nos falta muchísimo más y eso habrá que realizarlo con nuevos criterios, muy poco aplicados hasta el presente, como lo son el pluralismo, la diversidad, la interculturalidad y el equilibrio ecológico, a pesar de las buenas intenciones, algunas veces exitosas. En líneas generales, estas reflexiones pueden extenderse a la casi totalidad de la problemática del país, para que todos sin excepción estemos obligados a seguir convirtiendo esta tierra hermosa y de fabulosos recursos –al mismo tiempo que muy delicada en su naturaleza y su configuración geomorfológica– en un inmenso ecosistema propicio para todos sus integrantes y capaz de contribuir a la construcción de una Venezuela mejor.

    La presente Declaración de Principios, breve pero relevante e inequívoca en sus elementos, nos permite elaborar un conjunto de propuestas que, de ahora en adelante, servirán de guía y plan de acción para MOPIVE, tanto a escala regional como nacional e inclusive en lo internacional; tenemos la mejor disposición para insertarnos en la dinámica mundial actual guardando siempre nuestra identidad, más allá de las alianzas estratégicas y tácticas que todo movimiento organizado necesita cultivar.
    PROPUESTAS

    1. MOPIVE tiene como punto de partida la urgente necesidad de convertir en realidad y acción el articulado de la Constitución de 1999 referente a los derechos de los pueblos indígenas, la delimitación inequívoca de sus tierras y territorios, el carácter patrimonial de sus idiomas y culturas y otros temas pertinentes, tales como los planteamientos de índole ambiental o lo tocante a los recursos naturales: todo ello con la intención de contribuir de manera decisiva a la conversión de Venezuela en un país verdaderamente pluriétnico, intercultural y plurilingüe, más allá de la existencia de una normativa y de los buenos deseos, que sólo significan el inicio de una transformación.

    2. Dentro de nuestra visión de la sociodiversidad y la interculturalidad entra –junto a la inmensa deuda histórica de la sociedad venezolana y mundial con los indígenas y afrodescendientes– el aprecio y sentimiento fraternales hacia otros conglomerados humanos y sus respectivas expresiones lingüísticas y culturales, quienes han venido ingresando en territorio venezolano desde el momento de la Conquista hasta hoy día: migrantes de origen europeo, asiático y latinoamericano junto con sus descendientes y las múltiples manifestaciones de las formaciones socioculturales criollo-mestizas, de las que existe una variedad en el Occidente, Centro, Oriente y Sur del país. Ninguna presencia humana que haya echado raíces entre nosotros debe ser excluida, porque todo ello contribuye muy significativamente a la identidad, unicidad, creatividad y especificidad de Venezuela como país y formación sociocultural, en el marco del conjunto latinoamericano-caribeño y como parte del mundo actual.

    3. MOPIVE, al igual que todos los movimientos sociopolíticos dignos de tal nombre, tiene como meta fundamental el progreso, desarrollo sostenible y la mayor suma de felicidad posible de los venezolanos y venezolanas, de nuestro país como un todo. Consideramos, no obstante, que nada de esto podrá lograrse sin la previa delimitación, justa, generosa y equitativa, de las tierras y territorios históricamente pertenecientes a los pueblos y comunidades indígenas, afrodescendientes y otros habitantes de presencia raigal y tradicional –campesinos criollo-mestizos en su mayor parte– sin cuya satisfacción concertada con los propios dolientes e interesados es y será siempre imposible construir una Venezuela mejor, la patria y tierra madre que nos brinde amparo a todos por igual. En este caso se trata además de un compromiso constitucional, de carácter tanto nacional como internacional, que por desgracia ha sido totalmente incumplido hasta el presente, para el cual se han bloqueado todas las salidas pertinentes y que por tanto constituye motivo de justa reclamación en los términos más inequívocos y perentorios, en tanto derecho colectivo fundamental y absolutamente irrenunciable.

    4. Por razones obvias pero también para poder saldar la deuda histórica con los pobladores originarios de mayor antigüedad y arraigo –indígenas, afrodescendientes y criollos– es igualmente imprescindible el resguardo y pulcro mantenimiento del ambiente, especialmente de los ecosistemas más vulnerables del país, de los cuales depende justamente la provisión de aire, agua y recursos bióticos fundamentales –incluido el fomento de la biodiversidad– no sólo para Venezuela sino para el resto de nuestra especie diseminada en el planeta. Estos dos renglones están íntimamente interconectados, pues son precisamente los pueblos originarios, sus culturas y modos de vida, quienes más han contribuido a preservar el ambiente y continuarán siendo sus garantes a futuro.

    5. En esta perspectiva, es contraproducente y carece de validez el discurso según el cual la mitad sur de Venezuela está prácticamente despoblada y requiere un desarrollo urgente. Hay estudios incontrovertibles que comprueban –además de la crisis ambiental planetaria– que nuestras extensas zonas selváticas, la Amazonía en especial, lejos de ser espacios vacíos para explotarlos a mansalva, constituyen hoy día la única garantía real y concreta de que siga habiendo un flujo continuo de ozono y oxigeno y una buena provisión de agua dulce para la humanidad actual y del futuro, amén de los otros seres vivos. El Estado debe hacerse presente en esos territorios, inclusive para ejercer la supervisión y el control indispensables, y hasta es posible pensar en un modesto aumento poblacional junto a un eco-etnodesarrollo sustentable, mas nunca al extremo de proponer grandiosas carreteras, autopistas y vías de comunicación, gigantescas obras de ingeniería o grandes ciudades, todo lo cual se resumiría en una sola cosa: deforestación masiva, como ocurre en otros continentes, por desgracia.
    6. En concordancia con los puntos anteriores, MOPIVE prevé la formulación, puesta en marcha, asignación de cronogramas, recursos y prioridades, seguimiento y evaluación de las iniciativas y proyectos que fueren necesarios para ir resolviendo la problemática secular de los pueblos originarios: delimitación de las tierras, economía de base endógena y seguridad alimentaria; conservación, difusión y autodesarrollo de sus idiomas y culturas; aplicación transparente de los derechos individuales y colectivos, formulación de políticas eficaces de salud y prevención de enfermedades, basadas en la interacción de las medicinas tradicionales con la medicina occidental académica y alternativa. Consideramos, ciertamente, que esta constatación tan enfática no sería necesaria si se cumpliese cabalmente, o por lo menos en parte, la Constitución Bolivariana del 99. Es de lamentar que la realidad indígena y sus concomitancias hayan perdido toda prioridad en los últimos cinco años –incluso en mayor grado que en países vecinos no tan comprometidos con los pueblos originarios– cediendo su espacio a otros tópicos como la expansión geopolítica, la explotación irrestricta del petróleo y otros recursos, la conversión de Venezuela en un emporio energético: lo cual es criticable en la medida en que ocurre en términos excluyentes, a menudo antiambientales y a expensas de otros renglones de producción y suministro de servicios, con lo que se distorsiona nuestra economía.

    7. Es necesario insistir especialmente –en este Año Internacional de los Idiomas– en la defensa irrestricta y, donde fuere preciso, en la pronta revitalización de todos nuestros idiomas autóctonos y otros vernáculos que conforman nuestra inmensa riqueza lingüística, asociada con las respectivas oralidades, etnociencias, códigos de ética y de espiritualidad. Existen de hecho culturas sin idioma propio –aunque nunca sin variantes o registros lingüísticos propios– pero toda cultura despojada de su base lingüística y discursiva original y distintiva pierde definitivamente un componente vital y fundamental de su autenticidad, el símbolo más representativo de su identidad y diversidad. Es absolutamente necesaria la oficialización de todos los idiomas originarios y la ampliación de su ámbito de uso en lo comunitario, lo institucional, lo mediático, lo comercial y lo político.

    8. La totalidad del pueblo venezolano y, en su seno, la diversidad de pueblos y comunidades que lo conforman, reclama para sí una participación, protagonismo y poder de decisión que en la práctica estamos aún lejos de haber logrado, a pesar de su presencia en la Constitución del 99. Tanto a nivel nacional como regional y comunal, deberán funcionar en forma regular las ya previstas asambleas y consejos, más todos aquellos mecanismos que promuevan dicha participación integral, especialmente los de carácter tradicional propios de los pueblos originarios. La elección desde la base y la alternabilidad en el poder y en el ejercicio de los cargos provistos es condición indispensable para el recto desempeño de todos estos colectivos, en la más amplia democracia. Asimismo exigimos la estricta separación de los poderes públicos, tal como lo prevé nuestra Constitución, en plena concordancia con los derechos y deberes ciudadanos contemplados en la normativa nacional e internacional.

    9. No nos cansaremos de proclamar que la defensa y conservación del ambiente, nuestro espacio vital, que también lo es para la especie humana y el planeta, es una exigencia fundamental que MOPIVE le hace a Venezuela y el mundo, a raíz de un proceso ya avanzado de descomposición y deterioro cuyas consecuencias aparecen en gran parte irreversibles. Es suicida, además de profundamente antiético, la insistencia de las grandes potencias en continuar con modelos globalizantes, neoliberales y desarrollistas absolutamente insostenibles y especialmente perjudiciales para los países del Sur del planeta. En consecuencia, consideramos que toda nuestra política externa deberá fundarse en este planteamiento medular y sobre tal base deberemos tejer nuestras alianzas con el resto del mundo, especialmente con los países del Sur: latinoamericanos, caribeños, africanos y asiáticos.

    10. Asimismo nos oponemos a las políticas equivocadas, antiambientales y contrarias a las necesidades y aspiraciones de las comunidades humanas, que bajo el manto de la soberanía, cierto tipo de desarrollo endógeno muy centralizado, con fines expansivos o de mera imitación de errores ya cometidos por las grandes potencias, continúen insistiendo a estas alturas en la deforestación de las selvas y bosques con fines de explotación maderera, minera o la erección de obras faraónicas, todo ello con dudosos mecanismos de supervisión y control cuya ausencia apresura aun más la sabanización y desertización de ecosistemas ya erosionados. Comprendemos la necesidad de aprovechar incluso para nuestro desarrollo sostenible las fuentes energéticas, mas ello jamás deberá hacerse a expensas de la integridad del ambiente y el resguardo de valores superiores que son precisamente los que hacen posible la vida en el planeta en general y en nuestro país en particular. En atención a lo precedente, Venezuela debe multiplicar sus esfuerzos por superar la petroadicción, la minería a gran escala en ecosistemas vulnerables y dedicar los recursos necesarios a la búsqueda de fuentes de energía alternativas, limpias y asequibles sin límite de tiempo.

    11. Dado que el resguardo, conservación y defensa del ambiente y sus ecosistemas más vulnerables representan un coste y una inversión de enormes proporciones para nuestros países –y Venezuela es un exponente típico de tal situación– la comunidad internacional y las organizaciones supranacionales más representativas, especialmente las de carácter financiero, deberán retribuirnos de la manera más adecuada el incalculable valor económico y biosocial de un esfuerzo tan gigantesco, el cual nos obliga además a renunciar a muchas formas convencionales de desarrollo comprobadamente deletéreas. Es necesario y comprensible que los primeros beneficiarios de tales medidas compensatorias sean los pueblos indígenas y originarios, por el hecho de haber sido también los primeros perjudicados, hasta extremos delirantes de índole etnogenocida. Por otro lado, con medidas de esta naturaleza se podrían aliviar considerablemente la desigualdad e inequidad que no sólo persiste sino que va en aumento entre los países poderosos y el resto del mundo, poniéndole fin adicionalmente al cobro inicuo de las impagables deudas externas y otras rémoras y distorsiones provocadas por modelos injustos de desarrollo.

    12. Nuestro patrimonio histórico, cultural y lingüístico es para MOPIVE motivo de máxima preocupación, ante signos cada vez más alarmantes de pérdida de identidad y memoria histórica, inversión de los valores éticos y desaparición rasante de una parte considerable del inmenso acervo material e inmaterial, tangible e intangible, que los pueblos y comunidades habitantes de nuestro territorio han podido acumular y aun sistematizar a través de largos siglos y milenios. Se ha llegado al extremo de que gran parte de nuestro patrimonio haya sido sustraído por instituciones foráneas y coleccionistas particulares. En esta misma línea, MOPIVE exige una justa indemnización para los pueblos indígenas y originarios por los minerales preciosos explotados y saqueados desde la Colonia hasta nuestros días, así como la devolución de las joyas ancestrales y otros objetos culturales exhibidas en museos europeos y de otros países o apropiados por particulares.

    13. El modelo económico por implantarse en la Venezuela del presente y del futuro tendrá que tomar en consideración, más allá de la mera retórica y el saludo a la bandera, los verdaderos aportes de los pueblos originarios, tanto en su forma históricamente transmitida como en las innovaciones que se desprenden de los conocimientos autóctonos acumulados codificados como etnociencia y sabiduría ancestral. En este contexto, las comunidades indígenas y originarias –una vez restituidas sus tierras y territorios, y confirmada la posesión irrenunciable de los mismos– tendrán pleno derecho a continuar practicando y perfeccionando sus experiencias y modelos socioeconómicos de raíz ancestral y autóctona, los cuales estarán igualmente disponibles para los pueblos no indígenas y del Estado como parte integrante de un nuevo plan de desarrollo sostenible para Venezuela o cualquier país del mundo.

    14. Dado que MOPIVE se fundamenta en la diversidad y la interculturalidad, admitimos formas muy variadas de desarrollo sostenible, complementarias entre sí y constitutivas a futuro de una amplia red de soluciones económicas con vigencia nacional e incluso más allá de las fronteras de un país en particular. En vista de la flexibilidad y complejidad que reviste cualquier proyecto económico, sería imposible e injusto tratar de ofrecer desde ahora soluciones esquemáticas, aún antes de haber realizado las consultas con las comunidades y con todos los sectores que hacen vida en el ámbito nacional. De todas maneras, dentro de una economía compleja con las características que proponemos, cabrá la presencia del Estado, de empresas mixtas y de emprendedores particulares, sin conflictividad apremiante entre las denominadas empresas grandes, medianas y pequeñas, siempre que no se trate de carteles o monopolios; la creación de cooperativas y microempresas con un amplio respaldo financiero necesariamente desburocratizado, junto al apoyo irrestricto a toda forma legítima de creación e inventiva empresarial, para que este conjunto de mecanismos complementarios pongan en acción la óptima utilización de los conocimientos y recursos disponibles así como del talento humano.

    15. La educación es un requisito fundamental en cualquier proyecto de desarrollo sostenible y deberá ser siempre obligatorio y accesible a todo ciudadano, a través de toda su existencia y con la mayor libertad de acceder a los saberes y conocimientos disponibles y en proceso de formación. En un breve documento como este sería indeseable desagregar sus elementos más allá de los enunciados fundamentales. Los pueblos indígenas y originarios dispondrán de una educación propia, intercultural y plurilingüe, la cual deberá además engranarse en la red constitutiva de la política educativa total del Estado, para no dar lugar a exclusiones o asimetrías de ningún tipo. La Educación Superior será universal y gratuita, ya que sus efectos benéficos en cualquier caso compensarán abundantemente los gastos y costes incurridos. Asimismo tendrá que existir un equilibrio entre la rama científico-tecnológica y la rama social-humanística-artística y deportiva. El modelo de creación y validación del conocimiento no podrá reducirse a lo académico-elitesco-occidental sino que deberá abrirse a un diálogo universal de saberes y conocimientos en términos de una verdadera diversidad mundializada y de una interculturalidad basada en el pluralismo.

    16. Todo modelo societario requiere un plan integral de defensa territorial, del Estado y de la sociedad en su conjunto, tanto para el mantenimiento del orden interno como para prevenir y rechazar eventuales invasiones o ataques desde países extranjeros. La Fuerza Armada y las fuerzas policiales regulares del país son las llamadas a cumplir esa tarea. No obstante, MOPIVE cree profundamente en la paz nacional y universal y en el alejamiento de cualquier conflicto bélico, especialmente ante la posibilidad de una guerra de larga duración. Actualmente los ejércitos de la mayoría de los países tienden cada vez más a valerse de armas de destrucción masiva, nucleares y bioquímicas. Como quiera que las comunidades originarias son pequeñas y cuentan con pocos habitantes, su vulnerabilidad en un escenario de lucha armada es total y probablemente conducente a su extinción definitiva, biológica y también cultural. Semejantemente, la crisis ambiental planetaria se presenta de por sí con tales elementos de gravedad, que cualquier aditamento bélico podría ser fatal, con terribles costos demográficos, sociales, culturales y ambientales, hasta el extremo de un posible geocidio.

    17. MOPIVE, en su carácter de movimiento basado en modelos socioculturales indígenas y originarios, aprecia la búsqueda de la felicidad –cuya definición está en un proceso de decantamiento intercultural– por encima de conceptos más materialistas y unidimensionales como consumo y riqueza, en gran parte culpables por la crisis planetaria ya casi irremediable para algunos actores sociales. Debemos cuidarnos, no obstante, de confundir moderación con ascetismo o renuncia voluntaria a todo tipo de comodidades o al simple bienestar, sin lo cual nuestra vida carecería de sentido y de todo atractivo. Como en otros terrenos, el fanatismo y el fundamentalismo no son buenas guías para la acción. También estimamos que la búsqueda del mejoramiento de nuestra calidad de vida debe comenzar de una vez y producir resultados concretos y tangibles a partir de las presentes generaciones, sin dejar por eso de hacer las previsiones posibles para el futuro a mediano y largo plazo, tal como se desprende de todas nuestras inquietudes. Lo que se debe evitar en todo caso es concentrarnos exclusivamente en promesas retóricas para generaciones futuras, algo que ha significado un escollo imbatible para la gran mayoría de los movimientos de transformación social. Nadie trabaja con verdadera convicción sólo para sus tataranietos y tataranietas, aparte de que generaciones tan apartadas de las nuestras pocas razones tendrían para agradecer una preocupación tan detallada, envueltos como estarán en su propio contexto histórico y cósmico.

    18. Si bien el pensamiento materialista tiende a excluir objetivos que califica de superestructurales, MOPIVE –a semejanza del pensamiento indígena y originario presente en casi todos estos pueblos– atribuye un gran peso específico a la renovación espiritual, ética, inclusive estética, tanto de los individuos como de la humanidad en general. Respetamos la religiosidad en todas sus formas y expresiones, pero exigimos reconocimiento igualmente para las religiones y la espiritualidad indígena, constantemente violadas por iglesias y sectas pretendidamente mayoritarias, de filiación occidental por regla general. Por otra parte, sin un fortalecimiento ético no estamos en capacidad real de lograr ninguna transformación social importante, como lo prueba claramente el decenio transcurrido de la llamada Revolución Bolivariana, la cual a pesar de la excelente disposición y muy buena voluntad de muchos de sus propulsores viene naufragando sobre un mundo de antivalores como la ineficacia, la corrupción, el personalismo, el nepotismo, la insaciabilidad del poder, el ansia de riqueza, la violencia, el irrespeto generalizado, la abulia, la pereza y la indisciplina, en expresiones a veces alarmantes.

    19. MOPIVE se aparta de la tendencia general, todavía prevalente en el país, de copiar a veces servilmente modelos de pensamiento y acción presentes en otros países y épocas, incluso fracasados o inoperantes en múltiples casos, al menos en un conjunto de experiencias históricamente detectables. Así como Europa y Estados Unidos –vistos como totalidades y síntesis ideológico-pragmáticas– no nos han servido de tabla de salvación, tampoco otros países y realidades cumplirán con tal propósito: Rusia, Cuba, China, Irán o algo todavía inédito, si tal fuere el caso. Como somos interculturales y creemos en una mundialidad solidaria, respetuosa de las diversidades, estamos claros en que es indispensable recoger y analizar todas las experiencias locales y mundiales, incluyendo las más incipientes, con el fin de contextualizarlas y detectar así su pertinencia para nuestra realidad propia. Pero nada ni nadie remplazará la creatividad y el talento endógenos, procedentes de nosotros mismos, de nuestras propias entrañas, dándoles el rol generoso que les corresponde a todas las comunidades, pueblos y configuraciones sociales que han desfilado en nuestros escenarios ecoantropológicos desde hace milenios hasta el día de hoy: hay en esta constatación una verdadera pancronía y pantopía focalizadas en nuestro propio ser y devenir.

    20. Según MOPIVE y muchos sectores pensantes, es urgente y apremiante proceder a la búsqueda de un equilibrio –siempre en un contexto sociodiverso– entre el poblamiento rural y el urbano, hoy prevalente en términos demo-estadísticos. Ello implica, además, una concepción mucho más pluralista, intercultural y transcultural del concepto de espacio, reivindicando de paso su utilización por los pueblos indígenas y originarios, especialmente aquellos injustamente motejados de nómadas. La economía y agricultura itinerantes y de retorno cíclico a los lugares de origen, resultado milenario de las experiencias emanadas de las culturas originarias, han hecho posible el mantenimiento y conservación –prácticamente hasta nuestros días– de muchos de los ecosistemas terráqueos más vulnerables a la vez que imprescindibles por su abundancia en sustancias y recursos vitales. En consecuencia, estos patrones de uso de espacio no podrán ser modificados en forma ostensible, bajo el grave peligro de un desastre universal. Pero reconocemos al propio tiempo que hoy día la inmensa mayoría de la población del planeta vive en ambientes urbanos, fuertemente urbanizados, o rurales también impactados por cambios ecológicos irreversibles. Más de la mitad de los indígenas venezolanos habitan en grandes ciudades y otros se mudaron a zonas rurales no indígenas: sería irreal mantener la expectativa de que estos migrantes regresen mayoritariamente a sus comunidades y tierras originarias, aunque muchos sí podrán hacerlo, especialmente si se dieran las condiciones adecuadas. Por fortuna, existen suficientes estudios para ensayar la compatibilización de tanta diversidad para llegar a resultados óptimos dentro de lo posible. Sin embargo, nada podrá legitimarse sin la consulta permanente y la participación decisoria de todos los interesados, a fin de evitar soluciones improvisadas, intempestivas y fanáticas, dispuestas a simplificarlo todo en aras de una experimentación humana, ya suficientemente probada en otros contextos, cuyos resultados son efímeros cuando no deletéreos.

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